La besó en la mejilla y se alejó, no quería que lo volviera a lastimar. Hace tiempo le había provocado una mirada en la que no se reconocía y los sueños con ella eran cada vez más recurrentes, a veces la soñaba como una serpiente, a veces como una botella de vino que no podía coger. Se quedó viendo como se alejaba junto a sus amigos, se veía contenta, parecía encajar a la perfección. El muchacho sonrió y volvió a ponerse sus audífonos pero por más que quiso no pudo olvidarse de sus manos. Esa noche volvió a soñar con la botella de vino, cada vez que trataba de tomarla se resbalaba de sus manos hasta que sin darse cuenta llevó la botella al filo de la mesa, trató de evitar que se caiga y se rompa en mil pedazos pero una vez más se fue de sus manos. Se despertó justo antes de que la botella toque el suelo.
Días más tarde la vio con su obsesión, por más que había querido evitarlo desde que se enteró de su existencia lo conoció. La vio a lo lejos reír y sintió que no era feliz, sin embargo sabía que la entretenía lo suficiente como para soportar su vida. Casi podía leer en sus ojos sus pensamientos desordenados y sus ganas de estar ahí y de no estar. Se mordió los labios, cerró los ojos y se puso los audífonos de manera mecánica, quiso perderse en su propia vida.
Muchas chicas lo hacían reír y conocía unas cuantas cuyos pensamientos lo maravillaban. Había una con la que podía conversar por horas, con la que compartía gustos y se sentía bien, pero ella, la que veía de lejos tenía que seguir lejos.
Con el paso del tiempo notó en ella una palidez que avanzaba, su rostro se veía cansado y su cabello y uñas habían perdido brillo. Se enteró más tarde que una enfermedad se la llevaría y sintió los vidrios de la botella de vino bajo sus pies.
Antes de no poder verla más decidió seguirla, caminó detrás de ella a la salida del instituto, la veía con determinación sin sacarse los audífonos, el bajo en sus canciones marcaba su paso constante. Cuando ella se percató de su presencia se volteó, su mirada poderosa y más segura que de costumbre lo derrumbó, se detuvo pero no dejó de verla. Ante sus ojos la mujer se convirtió en serpiente y se alejó. Él olvidó su rostro pero no pudo olvidar sus manos.
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1 comentario:
bello..!!!! haciatiempo q no te veia escribir algo como esto..!!! es corto pero tye llega y por alguna extraña razon al leer esto se me vinieron pensamientos q crei olvidados o siquiera borrados o reprimidos para siempre..!!! hasta ahora no me arrepiento de nada nisiquiera de los pro y contras q algo traiga pues tampoco de losa recuerdo reprimidos q me trajo esta corta lectura... felicitaciones pq encerio me gusto este relato...!!!
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